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Problemas de personalidad que pueden acabar con su vida social.


Los pecados

Hacerse siempre el mártir

Son aquellas personas que buscan que los demás siempre piensen que están mal
y que les tengan lástima y sientan compasión por su situación.
Les gusta sufrir y son masoquistas, para que en realidad les crean y les manifiesten algún tipo de afecto.
Estos seres manipulan a la gente a través del llanto y del pesar y siempre
están pensando que el resto del mundo es cruel y que se ensañó contra ellos.
Además de que se proyectan como mártires ante la sociedad, inconscientemente
también lo hacen con ellos mismos y por eso la mayoría son hipocondríacos,
pues necesitan sentir compasión por ellos todo el tiempo.
Por otra parte, creen que son inferiores al resto y como supuestamente
siempre les pasa algo malo, buscan que los demás les ayuden en todo y a veces llegan al punto de pedirlo por caridad.


Echarle la culpa a otro


Aquellos que optan por echarle la culpa a los demás de todo lo que pasa, se
creen perfectos y piensan que nunca se equivocan con nada.
Por lo general, no son sujetos buenos para realizar trabajos en equipo, pues
desconfían de la eficiencia de sus compañeros y piensan que en cualquier
momento cometerán errores que lo perjudicarán a ellos también.
Llevan una vida sin compromisos y no son capaces de asumir las
responsabilidades que se les delegan. Todo para no correr riesgos.
Por otra parte, siempre creen que se les está acusando de algo, aunque no
sea así o aunque ellos sepan que no lo hicieron, ya que por su condición de
culpar a los demás sufren de cierto delirio de persecución, y cuando saben
que si son responsables de lo sucedido nunca lo aceptan ante los demás.


 Querer tener siempre la razón


Las personas que poseen esta característica siempre tienen miedo a perder en las discusiones con los demás y aveces en medio de su desesperación por
ganar y convencer, hasta llegan a argumentar sus puntos de vista con el
llanto para así hacerlos más contundentes.
Por lo general ni siquiera escuchan las razones de las otras personas y las
califican de mentiras.
Se sienten solos e incomprendidos por el resto de la gente y sus frases más
comunes son, “nadie me cree y nadie me entiende”.
En la mayoría de los casos, son así porque desde que estaban pequeños les
siguieron todos los caprichos.
La única forma de convencerlo de que no siempre tienen la razón es mediante
la evidencia, y muchas veces a pesar de tenerla enfrente siguen alegando que
sí la tienen.

Poner una excusa para todo

Existen personas que siempre buscan agradarles a los demás y se comprometen
con todo, pero como luego no están en capacidad de cumplir, se ven obligados
a inventar razones para justificarse y no quedar mal.
Siempre responden que lo intentaron por todos los medios, pero que les fue
imposible y buscan la excusa perfecta para quedar como reyes.
Estas personas, se acostumbraron a que desde niños tenían una buena
explicación para no que no los reprendieran.
Además son pésimos para aceptar sus errores, pues siempre le encuentran
razones para justificarlos.

Siempre en tono negativo

La gente que es pesimista por naturaleza, constantemente piensa que todo le
va a salir mal... Y así sucede.
No tienen esperanza y no hacen planes para el futuro, ya que no creen que
puedan llegar a realizarlos de forma satisfactoria.
Normalmente exageran el realismo y son crueles y castigadores con ellos
mismos y con quienes los rodean.
Nunca se ponen metas porque no las ven viables y todo lo que les pasa o lo
que tienen es malo por donde lo miren. Pocas veces le reconocen el lado
bueno a algo o a alguien. Son seres llamados tóxicos.
Lo que compran o lo que les dan siempre les parece inadecuado o
insuficiente.
Llegan a tal punto de criticar que aunque no les parezca malo, se les
convierte en un terrible vicio y no son capaces de reconocer cuando algo es
bueno o cuando alguien hace las cosas bien.

Ser intolerantes


Las personas con poca tolerancia se enojan con facilidad y comienzan a
sentir que todo el mundo los ofende aunque no sea verdad.
Son muy susceptibles a los comentarios o a las molestias de los demás,
aunque se trate de asuntos insignificantes. Son impacientes.
No soportan el fracaso, las equivocaciones o las fallas naturales de los
demás.
Son normativos y todo tiene que salir como ellos quieren, porque de lo
contrario de enfadan.
Son muy exigentes y esperan que el resto del mundo gire a su alrededor.
Cuando se molestan pueden ser rebeldes y se niegan a colaborar con los
demás.
Tienden a guardar rencores por mucho tiempo y no perdonan fácilmente.
Cuando están muy enfadados pueden decir cosas hirientes, aunque
verdaderamente no lo sientan.


La desconfianza anda por ahí


Estas personas son paranoicas y sienten que cualquier otro puede ser su
enemigo, aunque no lo conozcan.
Por lo general, consideran que todo el mundo tiene malas intenciones y que
les hará daño en algún momento.
Desconfían de lo que comen, de lo que compran y cualquier asunto o persona
es susceptible de despertar su sospecha.
Tampoco creen en ellos mismos, demuestran inseguridad ante los demás y falta
de confianza en lo que pueden hacer.
Les cuesta mucho trabajo enamorarse o mantener por largo tiempo una relación
estable. Son celosos y siempre están pensando que su compañero (a) los va a
dejar de un momento a otro.
A todo lo que ven le buscan la falla para demostrar que en efecto es malo.
Utilizan frases como “de eso tan bueno no dan tanto”, “la gente nunca es tan
buena”, “ya verá lo que pasa” o “yo se los advertí”.
  • El enojado con la vida: Una persona que siempre está enojada, alterada, gritando y que reacciona contra todo el mundo de forma volátil es una persona tóxica. Estas personas necesitan mucha ayuda, pero no es necesario dejarte maltratar. Estar cerca de una persona como ésta hará que te enojes, veas ofensas donde no las hay, recciones en lugar de reflexionar y tengas miedo.
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  • El que dice que todo el mundo está podrido: Una persona con esta visión del mundo siempre está desanimada y encuentra el lado oscuro en todo. Y le encanta la compañía desdichada. Mientras más pensadores oscuros estén de acuerdo con sus teorías conspiraciones y miedo, mejor. Por extraño que parezca, esta persona a menudo será competitiva con su desgracia, tratando de superar la desgracia de cualquier otra persona. Esta persona es propensa a ver los errores de la gente como enormes transgresiones (y por lo tanto no puede perdonar) y a temer que las personas la decepcionarán en algún momento. Vive en un estado de constante negatividad determinada por el destino y desesperanza. Dado que no se sienten capaces de cambiar su dirección, tratarán de arrastrarte con ellos.
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  • El que busca atención: Es una persona insegura, incapaz de crear su propio sentido de autoestima y emocionalmente inmadura. Estas personas tienden a "aferrarse". Quieren tu atención, la quieren cuando la quieren (¡ahora!) y tienen que ser el centro de todo. La necesidad constante de esta persona de que la escuchen y la rescaten te desgastará. Y su incapacidad de tranquilizarse y dar un buen vistazo a sí misma significa que tratará de absorber la energía y la vida de alguna otra parte, es decir, de ti.
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